lunes, 9 de junio de 2014

CALDOS DE CASTILLA

   Los cuatro caballeros llegaron puntuales a la cita en Urueña, en aquel palacete medieval de piedra de sillería, al que habían sido invitados a una cata ciega. De linajes, comarcas y edades distintas, los nobles de las casas de Ansúrez, Valdivia, Zúñiga y Trastámara, fueron recibidos en un sobrio y amplio salón.

     En el centro de aquel espacio, a la luz de una lámpara de aceite, una mesa rústica, con dieciséis copas, les esperaba. La selecta muestra de la variada enología del antiguo reino de Castilla - verdejo de Rueda,  tempranillo de Ribera, garnacha de Toro y macabeo de Valdepeñas- se oxigenaba en cántaras de metal bruñido.

   Fueron degustando los vinos uno a uno mientras departían animadamente sobre tonalidades, aromas y sapideces, manifestando cada quien sus gustos y preferencias.

     A la llamada de atención de Jams, el chambelán, los señores dejaron bebida y cháchara, se desvistieron y ocuparon en silencio los cuatro sillones de forjado toledano, enfrentados a una abigarrada puerta labrada con motivos heráldicos. Ésta se abrió despaciosamente dando paso a cuatro bellas y recias mozas que, con los ojos vendados, avanzaron hacia los caballeros.


      La cata iba a empezar.





(Relato presentado a la kedada ENTC Urueña (Valladolid)).