viernes, 9 de octubre de 2015

AMIGOS DE INFANCIA

     Lo miro con ternura pensando que debe ser de mi edad o quizás mayor, porque lo recuerdo desde bien pequeño compartiendo juegos. Mis amigos me tenían envidia, pues ninguno podía presumir, como yo, de tener un caballo, y se disputaban el favor de que les permitiera montarlo un rato. Ahora, cuando ya siento el peso del tiempo en mi pelo, en mi piel, en la vista y, sobre todo, en las articulaciones, sigo encontrando a «Trueno» casi igual, con sus ojos saltones, sus crines onduladas al viento, su orgullosa cola enhiesta y sus patas unidas por la tabla roja curvada.





(Relato finalista en el concurso Wonderlanda de Radio4).