sábado, 30 de mayo de 2015

PRUEBA DE CARGO

     Me tocó en el turno de oficio y, cuando le visité en los calabozos para empezar a preparar su defensa, no podía dar crédito. Aquel hombre de trato afable y aspecto bondadoso era el que estaba acusado de ser «el asesino de la baraja», el que acostumbraba a dejar un naipe, a modo de firma, sobre el cuerpo de cada una de su veintena larga de víctimas. Sus crímenes habían acaparado los titulares de todos los medios, incluso los digitales, y hasta el Rey, en sus discursos, los mencionaba reclamando de la policía una actuación rápida y eficiente. 

     Días después, tras analizar el sumario, le comenté que encontraba las supuestas pruebas fácilmente rebatibles. Todas menos una, que resultaba desde luego irrefutable, su nombre. Asintiendo con la cabeza, y con gesto de resignación, don Heraclio Fournier se mostró comprensivo.




(Relato presentado al concurso de Microrrelatos Abogados. Palabras obligatorias: baraja, sumario, discurso, titular y digital).