jueves, 14 de mayo de 2015

HOW MANY TIMES MUST THE CANNONBALLS FLY?

     Al destacamento de vanguardia, acababa de llegar aquella nueva y moderna batería, de 150 mm. y fabricación occidental, que facilitaría la toma del próximo objetivo, una pequeña aldea que se encontraba al otro lado de la colina que tenían enfrente. En lo alto de la misma ya se habían situado los oteadores, que informaban a la compañía de las coordenadas precisas de los edificios más relevantes que divisaban, la mezquita y la madraza. La lógica militar inducía a pensar que en uno se habrían acuartelado las tropas enemigas y en el otro se habrían puesto a resguardo los civiles -ancianos, mujeres y niños-, pero no había indicios de quién en cada cuál. Rachid al Zawahiri, brigada artillero, con plano cartográfico, cartabón, escuadra y compás, efectuaba cálculos trigonométricos para acertar con el par de disparos previstos. Inclinado sobre su mesa de campaña, no alcanzaba a escuchar las llamadas a la oración del muecín desde el minarete, ni las canciones infantiles desde la escuela, sin embargo, de un aparato de música, en el barracón del regimiento, sí le llegaba la voz entre carrasposa y aguardentosa de Dylan. Con su escaso inglés, Rachid pudo adivinar que cantaba algo sobre vientos, amigos y respuestas.




(Relato presentado al concurso de Esta Noche Te Cuento. Tema: cañones).







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