domingo, 26 de abril de 2015

CELO PROFESIONAL

En pijama celeste, con el anagrama del hospital provincial bordado en el pecho, y zapatillas de fieltro a cuadros, Ireneo Ripalda se encarama al alféizar de la ventana de la 302 y revolotea hasta la rama de un castaño. Cuando llegan los celadores, alza otra vez el vuelo y se dirige a un parque donde se alimenta de insectos y semillas. También sorbe un poco de agua del estanque. Pasa el resto del día entre azoteas, cornisas y farolas, huyendo de sus perseguidores. Al caer la tarde, cansado, se engurruña en un nido de cigüeñas ausentes, en el campanario. Allí le atrapan. De vuelta, y una vez recuperado el pijama, le dan el alta y le mandan a casa.





(Relato premiado con el segundo premio, categoría Asistentes, en la V Microquedada Relatista, celebrada en Madrid).