miércoles, 19 de marzo de 2014

NO, NO Y NO.


    La vergüenza que nos ganamos aquella noche, en cambio, nos acompañaría para siempre. Los demás estaban a lo suyo. Yo le hablaba de mis cosas con cierto rubor. Él escuchaba y me aconsejaba, con esa voz tan sensual que habría vencido cualquier resistencia si la hubiera habido. Me invitó a pasar al interior y acepté. Intimamos. Recordar la postura veintitrés del Kamasutra resultó oportuno en aquel espacio tan peculiar. El éxtasis llegó junto al sonido de campanillas celestiales. Nuestros gritos, gemidos y sollozos de placer nos delataron. No debimos de hacerlo aquel día. No durante el funeral de tía Amelia. No en el confesionario.




(Relato presentado al concurso Relatos en Cadena de la SER. Frase de inicio obligada: La vergüenza que nos ganamos aquella noche, en cambio, nos acompañaría para siempre).