miércoles, 5 de marzo de 2014

VOCACIÓN TARDÍA

  Tanto visitante inesperado le desconcertó. Y no fue lo peor tener que compartir su cubierto, su cepillo de dientes o su piedra higiénica, sino los equilibrios que tuvo que improvisar para que casi todos permanecieran en los límites de su terraza. Cuando al anochecer quedó solo, Simeón descendió los diecisiete metros de su columna y ya no volvió a subir. Después de treinta y siete años, el estilita había descubierto su vocación por la organización de macrofiestas.

(Relato presentado al concurso de Relatos en Cadena de la SER. Frase obligada de inicio: Tanto visitante inesperado).