miércoles, 18 de diciembre de 2013

PILLADO

   Terminó de leer la novela pero aún le quedaban dos horas de vuelo. Por entretenerse decidió leer los prospectos de los medicamentos que llevaba consigo y que tomaba desde hacía años, cuando empezó a padecer cefaleas.

   Los comprimidos de Perolxin eran justo para eso, pero ocasionaban alteraciones digestivas. Las cápsulas de Barriguín las resolvían pero causaban somnolencia. Por eso tomaba las grajeas de Espabilina que, por contra, producían arritmias que controlaba con las píldoras de Compasona, que daban dolor de cabeza.


   Descartó dejar la medicación porque leyó que la Espabilina creaba dependencia y suprimir la dosis podría producir un derrame cerebral irreversible.