sábado, 7 de diciembre de 2013

EL CORTEJO


   Javito pasa con su bicicleta entre los olivares, zigzagueando con esfuerzo el empinado camino que lleva hasta la era. Allí, en lo más alto del pueblo, recoge flores para Paloma, la niña pequeña de Nicolás, el aparcero de aquellas tierras. La misma con que, tras años de arduo cortejo, sueña en convertir en su esposa cuando tengan edad. Nada será fácil en la vida de Javito.

   Suspira. Un espléndido panorama se divisa a la luz de la aurora: torres y molinos salpican las verdes llanuras. En la lejanía, el mar y un cerro nevado. Ahí abajo, entre rosas y begonias, emerge, blanca, la casa de Paloma.

   De repente observa que delante se detiene un Mercedes con chófer y desciende su rival: Sotirios, el apuesto y moreno hijo del dueño y señor de todas las tierras de la comarca, llevando un hermoso ramillete de orquídeas amarillas.

   “¡Mala puñalá le den!”, masculla Javito. Enfurecido se lanza cuesta abajo con la bici con la intención de sacudirle bien la badana. La ira nubla sus ojos. Desciende rápidamente, pero tropieza con una piedra. Tres vueltas en el aire le proyectan directamente sobre la capota del Mercedes.

   Al abrir los ojos, en el blanco aséptico, un hermoso ramillete de orquídeas amarillas se burla de él.



(Relato escrito a seis manos y tres teclados con dos excelentes escritoras, Nicoleta Ionescu y Sara Lew, para el concurso de ENTC, Relatos del Millón).