lunes, 5 de enero de 2015

PORQUÉS Y PUÑETAZOS (I)

MIRADAS

Sin saber por qué, le di un puñetazo. Quizás fuera por su mirada chulesca y obsesiva que no apartaba de mí y que tanto me molestaba. Se desplomó deshecho en mil pedazos, desde cada uno de los cuales seguía mirándome. Ahora con cara de sorpresa.



REACCIONES IMPROPIAS

Sin saber por qué, le di un puñetazo y se desplomó. No me había hecho nada, ni siquiera le conocía. Durante unos segundos traté de analizar esa reacción tan impropia de mi carácter tranquilo y apacible. Mientras, el señor de la pajarita contaba hasta diez y me levantaba el brazo derecho.



EL COLOR DEL CRISTAL

Sin saber por qué, le di un puñetazo. La falta de motivo me vino bien. Mi abogado logró convencer al juez de que fue su cara la que se abalanzó contra mi puño.



(Relatos presentados al concurso Relatos en Cadena de la SER. Frase de inicio obligada: Sin saber por qué, le di un puñetazo).