sábado, 4 de octubre de 2014

NO, NO Y NO

     Aquel episodio nos cubrió de vergüenza. Recuerdo que era domingo a mediodía. Nadie reparaba en nosotros. Yo le hablaba de mis cosas con cierto rubor. Él escuchaba y me aconsejaba, con esa voz tan sensual que habría convertido en inútil cualquier intento de resistencia -si lo hubiera habido-. Me invitó a pasar al interior y acepté. Intimamos. Recordar aquella postura del Kamasutra resultó oportuno en aquel espacio tan peculiar. El éxtasis llegó junto al volteo de campanas celestiales. Nuestros suspiros, gemidos y gritos de placer nos delataron. No debimos hacerlo aquel día. No durante el Ángelus. No en el confesionario.



(Relato finalista en el Concurso de Microrrelatos de Wonderland, de Radio4).