lunes, 15 de septiembre de 2014

COMO MOSTACHOS


DIAGNÓSTICOS INCONFESABLES

–Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz —dijo el becario separándose del microscopio.

–¿Tipo Chaplin? -preguntó el científico.

–No, más bien tipo Dalí.

–Pues vaya buscando otro parecido a la bacteria, porque ¡a ver quién le dice a los Peláez de Cela que la señora tiene bigotes en las Trompas de Falopio!



LO QUE EL VIENTO LE DEJÓ

Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz, la llevaba Rosalía Florín desde que le salió siendo niña. Se trataba de una armónica cromática de dieciséis agujeros. Pero además, sobre el labio inferior le había crecido, en la adolescencia, un bonito y dorado trombón metálico de varas. Rosalía, por nariz y boca, aprendió a sacar las mejores notas de cada instrumento y, simultaneándolos, llegó a dar notables conciertos. El éxito le trajo fama, fortuna, marido y descendencia. Con los primeros síntomas de embarazo acudió al ginecólogo y la ecografía no dejó dudas: estaba gestando un espléndido piano de cola Bösendorfer.


(Relatos presentados al concurso Relatos en Cadena de la SER. Frase de inicio obligada: Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz).