martes, 13 de septiembre de 2016

LUNARES CONOCIDOS

TUPIDOS VELOS

El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca. Eran, sobre todo, esas pequeñas marcas, las que le permitían distinguir a sus clientas de servicios eróticos. Allí, en Islamabad.


MOTU PROPRIO

El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca. Lo había visto anteriormente en infinidad de ocasiones, pero siempre en dibujos o fotografías que amigos o familiares le mostraban. Ahora, por primera vez, lo podía contemplar directamente con sus propios ojos. Solo tuvo que dar un paso atrás.



TODOS PARDOS

El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca del sonriente y guasón cliente de esa mañana. No es que fuera parecido o idéntico, es que era el mismo de la rubia seductora de la loca noche anterior.



INASEQUIBLES

El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca. Cierto que la cirugía plástica le hacía irreconocible y que incluso algo le habían hecho en las cuerdas vocales para cambiarle la voz, pero aquella marca de nacimiento resultaba más segura que el ADN. No había duda, se trataba del comercial de Pelmaphone, empeñado en que se cambiara de compañía.




(Relatos presentados a Relatos en Cadena, de la SER. Frase de inicio obligada: El masajista no tardó en reconoce aquel lunar bajo la nuca).