martes, 20 de septiembre de 2016

DE LÁPICES

MONOPARENTAL 1950

El lápiz con el que ella, cada mañana, se lo dibujaba en la piel era de punta de grafito. Por eso, a media tarde, ya solo quedaba una mancha borrosa que el niño, rubio y de ojos claros, contemplaba decepcionado. Ya no se parecía a la cifra indeleble en el antebrazo de su madre.


SEÑALES

El lápiz con el que ella, cada mañana, se lo dibujaba amorosamente en la servilleta de papel que le ponía con el desayuno, agotó su mina de grafito. Fue entonces cuando él, ruborizado, levantó la vista y, dirigiéndole la palabra por primera vez, le preguntó: ¿Ya no utilizáis la marca esa de servilletas con el corazón y la flecha?


REACCIONES

El lápiz con el que ella, cada mañana, se lo dibujaba en el espejo del baño antes de marcharse era de carmín. Cuando el amante de turno, al levantarse, lo veía, si era aprensivo se iba al hospital, si creyente a una iglesia, pero si era ordenado se ponía rápidamente a redactar el testamento.



(Relatos presentados al concurso Relatos en Cadena, de la SER. Frase de inicio obligada: El lápiz con el que ella, cada mañana, se lo dibujaba).