viernes, 20 de enero de 2017

OBSESIÓN

 
  Al instalarme en la habitación de aquel hotel, me di cuenta de que el ojo de la cerradura no dejaba de observarme. Cambiaba de lugar y su mirada indiscreta me seguía sin pausa, sin pestañear siquiera. Me estaba incomodando sobremanera y no conseguía concentrarme en nada. No podía leer, ni ver la televisión, ni hacer llamadas. Por pudor me puse el pijama en el aseo, fuera de su alcance. Al volver a la habitación allí seguía, esperándome. Sabía que no podría conciliar el sueño sintiéndome espiado. Todo acabó cuando, de su ceja, colgué el cartel de «No molesten, por favor».




(Relato seleccionado en el I Concurso de Relatos Hotel Montreal).