domingo, 2 de agosto de 2015

EL MOTE


(Ilustraciónde Eva García)
   Ya nadie recuerda que se llama Encarnación Troitiño. Es lo que tienen los pueblos donde todos se conocen, que te ponen un apodo ocurrente y con mala leche y es como un nuevo bautismo que borrara tu anterior identidad.

     Sobre Encarna hay división de opiniones. Unos creen que padece de furor («picor» dicen algunos) uterino, mientras que otros piensan que es ninfómana; dicho así, como si se tratara de una profesión. Cuando se les hace ver que no cobra por lo que hace, ni tiene que cumplir un horario o conseguir objetivos, ya se quedan dudando. 

       Ningún mozo del pueblo le ha durado más de una semana, y eso que se les atribuyen las virtudes grabadas en el blasón de la villa: «muy leal, constante y resistente».

      El caso es que su enfermedad, adicción, querencia o lo que fuere, la ejerce democráticamente, esto es, sin discriminación alguna por cuestión de raza, credo, edad, orden religiosa o nivel económico; ni siquiera de sexo cuando las oportunidades escasean. No se mencionan otras especies porque los animales, por discreción, no suelen comentar.

        Y fue por eso, porque casi todos ya la habían montado, por lo que algún cabrón empezó a llamarla «la bicicleta».




(Relato mencionado en el concurso de Esta Noche Te Cuento de Julio-Agosto. Tema: las bicicletas).