domingo, 11 de mayo de 2014

FIRMAS Y FIRMAS

   Aquello era demasiado, su conciencia no podría soportarlo. Y le dolía porque era su queridísima hija y nunca antes le había negado nada. 

     No le tembló el pulso, esa misma mañana, al firmar dos órdenes de desahucio de otras tantas familias numerosas. Si no se respetan los compromisos de pago ¡adónde vamos a ir a parar! 

    Tampoco le creó dudas el archivo de la demanda por cohecho, contra aquel político, por defectos de forma; no por la comisión del delito, que había sido flagrante, sino por el insuficiente timbrado de la denuncia. Las normas y los procedimientos están para cumplirse, de otra forma ¡hacia qué tipo de anarquía nos dirigimos! Y desde luego, nada tuvo que ver que, habitualmente, formara pareja de mus con el acusado. 

   Desestimar la denuncia por aquellas abusivas tarifas de la operadora telefónica también fue muy rápido y sencillo. ¡Parece que hay quien aún no se ha enterado de que vivimos en un sistema de mercado libre! 

    Pero lo que sabía que le quitaría el sueño era rubricar el pliego que había traído su hija de la universidad. Ya había unos cientos de firmas en él, pero incluir la suya le generaba un gran desasosiego. Como magistrado, le costaba unirse a la petición de indulto para aquella mujer condenada por haberse ido del supermercado sin pagar los potitos de su bebé.