martes, 30 de julio de 2013

OBRA PERFECTA

     
 Ocurrió hace poco más de cuatrocientos años. Aquel hombre observaba aquella máquina artesanal diseñada para crear la obra perfecta.

  En casi una decena de cubículos de madera se agrupaban miles y miles de palabras clasificadas por su naturaleza; en un cubículo estaban todos los verbos, en otro -el más grande- los nombres, en aquél los artículos, en el de allá los adjetivos,  .... Muy curioso y variopinto era el de los signos de puntuación. Estaban todos: comas, acentos, interrogaciones, diéresis, circunflejos, ...
        
   Cuando nuestro personaje accionó la palanca, todo un entramado de poleas,  engranajes y rodillos se puso en movimiento. Los cubículos liberaron pausadamente su carga produciendo un gran revoltijo de palabras que iban siendo, aleatoria y ordenadamente, depositadas en un canal por el que eran  conducidas a un soporte de entintado y, a continuación, impresas en un gran pliego.

         Nuestro hombre se dirigió al inicio del pliego y leyó: "En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre ..."

          Don Miguel sonrió satisfecho.