Aquella rapaz visitaba mi granja cada noche causando estragos entre gallinas, conejos, palomas y ocas. Me aconsejaron poner cepos, veneno o esperarla con una escopeta de postas, pero amo a todos los animales y no soporto causarles dolor. Así que, buscando otra fórmula menos expeditiva, me cayó del cielo la idea de elaborar pictogramas, que situé por toda la finca, advirtiendo a la zorra de lo imprudente de su proceder y de la conveniencia de buscarse el sustento en otros parajes. Fue todo un éxito. Lo publiqué en redes sociales y recibí cientos de pedidos. Lo del cepo también funcionó.
(Relato presentado a la primera ronda del concurso Monstruoscopio, del blog Esta Noche Te Cuento).

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