Ireneo Ripalda era el árbitro más tarjetero del campeonato, con una media de 12 amarillas y 3 rojas por partido. En aquel partido, bien aleccionados por sus entrenadores, los jugadores salieron dispuestos a evitar cualquier roce que provocara la acción sancionadora del colegiado. El partido pareció convertirse en una representación de Giselle sin música. No faltaron pliés, fouettes y arabesques en los movimientos de los jugadores. En el minuto 90, un delantero se adentró en el área de puntillas, temiendo pisar a alguien. Enseguida Ireneo apreció un cuerpo insuficientemente erguido, caderas descentradas y mirada baja. La tarjeta roja resultó inevitable.
(Propuesta de El Mundial también se escribe. Máximo 100 palabras. Tema: tarjetas).

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