IMPACIENCIA
«Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar... glup, glup, glup...»
ÚLTIMAS VOLUNTADES
—Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar, de decírselo a mis primos de México y de devolverle el termómetro a la vecina -le dijo antes de expirar-, pero, sobre todo, acuérdate de venir pronto; ya sabes lo mucho que me cuesta ponerme las gotas yo solo.
QUE ALLÁ, EN EL HORNO, NOS VAMOS A ENCONTRAR
—Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar, Pedro -le dice mientras deja el óbolo, los secretos de su alma, sobre el yunque. Y Botero recuerda y cumple. Cuando le llega el turno, pone la máxima presión a la caldera y las pavesas de Don Dindón salen despedidas al aire. La mayoría para caer directamente sobre las olas; otras sobre la lava que las arrastra hasta la orilla y el resto quedan por el surco, nutriendo la rica huerta napolitana.
(Relatos presentados al concursos Relatos en Cadena, de la SER. Frase de inicio obligada: Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar).