Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas; el pintor, después de una breve meditación, las desparramó por el lienzo y lo llamó Guernica.
ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA
Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas después de que se les cayera el panel jeroglífico de piezas de cerámica que describía las fuentes del palacio. Lo recompusieron al tuntún y, unos siglos más tarde, un arqueólogo británico lo descifró y catalogó como las memorias bélicas de Ramsés II.
SALIR DEL PASO
Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas, así que fue colocándolas al tuntún durante seis días. Y el séptimo descansó.
CÓNCLAVE DE SABIOS
Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas y el puzle de dos piezas se quedó sin resolver.
EJECUCIÓN FRUSTRADA
Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas, así que primero ordenó «¡disparen!», luego «¡firmes!», después «¡sobre el hombro armas!» y por último «¡apunten!».
PESADILLA EN LA COCINA
Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas. Primero nos sirvieron el postre, después la carne con las patatas y los garbanzos, a continuación el café con la cuenta y, por último, la sopa. Chicote lloraba desconsolado en un rincón de la despensa.
MEMORIA SELECTIVA
Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas. Tras seis meses de dieta a base de carne de elefante y rabos de pasa, ningún residente del geriátrico supo ordenar adecuadamente las cinco primeras letras del abecedario. El programa de estímulo de la memoria no había funcionado, pero ellos siempre recordarían aquellos menús tan exóticos.
(Relatos presentados al concurso Relatos en Cadena, de la SER. Frase de inicio obligada: Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas).

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