Decían que era rarita por elegir el fútbol en vez de la gimnasia rítmica, y bicho raro por optar por el silbato en lugar de por el balón.
En su brillante y ascendente carrera, a Severina siempre la acompañó en los medios la polémica sobre si se la debería llamar árbitro o árbitra, término este que aún no había admitido la RAE. Aunque siempre llevaba cola, algunos la llamaban trencilla.
Tuvo que ser en la final de aquel mundial, en que una mano del delantero en el área contraria la castigó Severina señalando penalti cuando todos coincidieron en llamarla arbitraria.
(Propuesta de El Mundial también se escribe. Inspiración en la imagen de una árbitra, máximo 100 palabras. Frase de inicio: Decían que era rarita).























