El bar estaba vacío y la tele apagada. El partido había terminado hacía una hora y la derrota incomprensible de nuestro equipo dejó sin ganas de tertulia ni más copas a la habitualmente bulliciosa parroquia. Solo Ahmed, el camarero de un país subsahariano que nadie recordaba, recogía mesas y adecentaba el local con media sonrisa, mientras escuchaba una alegre música folclórica de su tierra. Musa, una gata siamesa que formaba parte de los enseres del pub, seguía curiosa los movimientos de Ahmed, que calzaba unas viejas y descascarilladas botas de fútbol que seguro habían conocido mejores tiempos. Eran su amuleto de la suerte, el que nunca le había fallado. Esta noche tampoco.
(Propuesta de El Mundial también se escribe. Máximo 250 palabras. Inicio: «El bar estaba vacío». Que aparezcan unas botas, suene una canción y salga una mascota).






















