Fue el momento en que mataron al árbol. A pesar de las reiteradas peticiones, aquel olmo se negaba a dar peras.
DONDE PONGO EL OJO
Fue el momento en que mataron al árbol. El pobre recibió del pelotón de fusilamiento toda la descarga destinada al compañero desertor que estaba delante.
MORIR DE PENA
Fue el momento en que mataron al árbol. Demasiados suicidas sin reparar en que se trataba de un sauce llorón. Muy llorón.
SAUCE LLORÓN
Fue el momento en que mataron al árbol, cuando se hartaron de tanta lágrima anegando los campos.
MORIR DE PENA
Fue el momento en que mataron al árbol. Si bien, el asunto venía de lejos. Había empezado treinta años atrás con Anselmo, dicen que por mal de amores. Luego fue Evelio, parece que por deudas de juego. Le siguió Bernardino, que nunca iba sereno. Y no mucho después Apulecio, que padecía algo incurable. También recuerdo a Avelino, a Ireneo y a Eladio, por causas parecidas. Pero la puntilla fue la de Javito; tenía trece años y algo tuvieron que ver las redes sociales. El caso es que ninguno de los suicidas reparó en que se trataba de un sauce llorón. Muy llorón.
Fue el momento en que mataron al Árbol de la Ciencia, o eso creyeron ellos que había pasado, cuando, emprendedores con visión de futuro como eran, Buda, Jesucristo y Mahoma inventaron sus respectivas religiones que hoy, unos siglos después, aún siguen dando pingües beneficios.
(Relatos presentados al concurso Relatos en Cadena, de la SER. Frase de inicio obligada: Fue el momento en que mataron al árbol).





















