Comenzó a morderme, como si me reconociera. Ahí terminé la búsqueda de mi hermano gemelo.
EL TAMAÑO SÍ IMPORTA
Comenzó a morderme, como si me reconociera. Eran mordisquitos suaves y cariñosos. Primero en el lóbulo de la oreja, luego en el cuello. Fue bajando a los pezones mientras yo me dejaba hacer. Se detuvo unos segundos a lamerme el ombligo, y cuando descendió un poco más descubrió, era inevitable, la única diferencia, discreta pero notable, con mi hermano gemelo.
AMOR INSECTÍVORO
Comenzó a morderme, como si me reconociera, aunque acabábamos de conocernos y copular. Sospecho que para ella, a pesar de su pose orante, no era la primera vez.
(Relatos presentados al concurso Relatos en Cadena, de la SER. Frase de inicio obligada: Comenzó a morderme, como si me reconociera).

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