Antes de cumplir los veinte, decidió dejar la aldea para buscarse un futuro en la capital. Abandonó el cuidado de sus queridos animales, que tan bien se le daba, renunció a las rutas por los riscos de los cercanos montes, y se despidió de amaneceres luminosos y atardeceres púrpura sobre alfombras de verde espesura.
Después de duras décadas de trabajo y sacrificios, volvió a la aldea con una pensión y unos ahorros. Los que le permitieron recuperar el contacto con los animales, los paseos por el monte y la contemplación de resplandecientes amaneceres y atardeceres escarlata sobre mantos esmeralda.
(Relato presentado al I Certamen San Vicente del Monte, del blog Esta Noche Te Cuento. Tema: volver a una aldea de monte).

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